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Pedro Fco. Ramirez Mateo

 

Fotos: Pedro Fco. Ramirez

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En junio de este año hará ya treinta y cinco años que, más o menos a media noche de un 30 de ese mes venía al mundo un pequeño ser sin pelo que, a fecha de hoy, aún conserva esa alopecia prematura de carácter genético y que fue inscrito en el Registro Civil con el nombre de Pedro Francisco Ramírez Mateo, aunque muchos me conocéis más por el apodo que me impusieron mis amigos: Perico.

Siempre compatibilicé mis estudios, desde el colegio, hasta la Facultad de Derecho y posteriores Oposiciones al Cuerpo de Registradores de la Propiedad, con las miniaturas, y aún hoy siempre tengo tiempo para repartirlo entre la preparación de las Oposiciones ( sí, soy un eterno opositor) y mis ahora labores de Letrado.

Muchas veces me he preguntado qué es lo que me llevó, a la edad de nueve años, a fijarme en esos juguetes tan curiosos que reproducían con gran detalle los aviones y carros de combate y que debían ser montados y pintados para poder jugar con ellos. El caso es que, sin necesidad de insistir demasiado, mi padre me compró un Fokker Dr I de Revell a 1/72 y ése fue el comienzo de un “virus” que me lleva ya afectando la friolera de 25 años. Aún recuerdo con mucho detalle las largas tardes después del colegio montando y pintando maquetas bajo la atenta mirada de mi progenitor, al que debo, entre otras muchísimas cosas la educación en la paciencia, la meticulosidad y la inclinación a tratar de hacer las cosas de la mejor forma posible.

Así pasan los años hasta que, en busca de otro Dr. 1 de Revell, y esta vez a escala 1/28 (un sueño para mi en ésa época), fui a parar a una tienda situada en el madrileño barrio de Argüelles, Hobbys Vicente, lugar de culto donde muchos modelistas de Madrid hemos pasado tardes enteras que fructificaban en recordadas anécdotas y no sólo modelísticas. Allí conocí Tamiya y las figuras a 1/35, y lo más importante, empecé a relacionarme con otros modelistas, casi siempre mayores que yo, que no dudaban en darte los mejores consejos para avanzar en tus trabajos. Aún recuerdo con especial cariño a Joaquín G. García, uno de los mejores modelistas de carros que he conocido y con el que compartí el más accidentado y divertido viaje a Folkestone de mi vida.

Siempre gracias a los demás, uno va avanzando poco a poco, y después de un tiempo me embarqué en la realización de lo que supondría mi primer galardón en un Concurso. Fue un Diorama de figuras transformadas y carros de Tamiya que me dio la enorme satisfacción de lograr un Bronce en su categoría en el añorado Certamen de Hobbys Vicente. A partir de ahí comencé a entablar amistad con el grupo de irreductibles modelistas que prestaban su colaboración en la organización del evento, entre ellos, Santiago Sánchez y Mario Ocaña, amistades que conservo al día de hoy. Al poco tiempo, determinado día, allá por 1992,Vicente Pérez, el propietario de Hobbys Vicente, después de ver unos trabajos que había realizado en plasticard, me presentó a Ricardo Ahís (un fuerte abrazo para él), dueño de Nimix, que me encargaría, confiando plenamente en mis dotes, la construccion de un original a 1/35 para su marca, el Patriot, muy de moda entonces por la primera guerra del Golfo. Este fue el primer paso para ir metiéndome de lleno en la realización de encargos para esta marca y otras, así como para particulares. Y más o menos en este punto es cuando descubro las miniaturas en metal, en concreto un Legionario de Andrea de 54 mm, que me deslumbró en cuanto a detalles y acabado de fundición. Era más caro que los Tamiya sí, pero tras ahorrar un poco me hice con él y lo pinté siguiendo los consejos que otro maestro, Luis Gómez Platón, nos venía ofreciendo en la enciclopedia “Técnicas de Modelismo y Dioramas”. Bastante contento con el resultado, me decidí a participar en otro Concurso, el que celebraba Hobbys Lojume, consiguiendo un Bronce en figuras, y comenzando una larga carrera en la decoración de este tipo de miniaturas. Como tantas veces, de nuevo se cruza en mi camino otro maestro, David Mencia, que me daría unos impagables consejos en los cursos que se impartían en Miniaturas Beneito (infinitas gracias a esa gran señora que es Marga),  y que generaron en una evolución más en mi estilo y la consecución de mi primera medalla de oro en figuras en el último Concurso que celebró Hobbys Vicente.

En 1994 acudo a Folkestone con Ricardo Ahís y Joaquín G. García, quedando maravillado no sólo de las obras que se exponían sino del ambiente que se respiraba allí. En este lugar pude apreciar en vivo las piezas de Hill Horan, Derek Hansen y Stefan Muller Herdemertens y las de los ya famosos pintores españoles como Jesús Gamarra, Miguel Felipe Carrascal o Rodrigo Hernández Chacón. Además pude conocer las primeras obras de un chaval que luego daría mucho que hablar: Raúl García Latorre, y compartí cervezas con los puntales de la escuela sevillana de óleos, Eduardo López Munuera y Víctor Castillo. Si bien no obtuve premio alguno en figuras, me llevé una “Highly Commended” en vehículos militares, que constituyó toda una fuente de alegría durante el viaje.

Hacia 1995 acabo mi carrera de Derecho, y antes de ir a la mili, acudo a una nueva tienda de miniaturas, en respuesta de un anuncio buscando pintores. Se llamaba “El Taller del Hobby”, regentada por un señor llamado Salvador Ortega, que seguro que muchos conocéis por “El Mayor”, una de las personas que más me ayudó en este mundillo y que casi es como un hermano mayor para mi. En este sacrosanto lugar del modelismo conozco a Jose Luis Muñoz, quien perfeccionó mi estilo entre ritmos de gaitas escocesas, y a dos modelistas de los que forman parte de mi grupo de inseparables: Darío Ruiz Gallardo y José Alberto Fuentes.

Desde entonces, mi pintura evoluciona, maestros como Jesús Gamarra, Pepe Gallardo, y, sobre todo, José Hernández Sánchez, me hacen ver nuevos caminos en la decoración de figuras, y me ayudan a perfeccionarme poco a poco. Producto de esta larga evolución van siendo los diferentes premios logrados en “León Rampante”, Torrent, Girona, Plasencia, Almería, Premios Ejército y alguno más de menor importancia.

La culminación a todo esto acabó en mi elección como jurado del Segundo “León Rampante”, y dio lugar a la difícil y dura tarea de ser juez de las obras de los demás, y tras ejercer esta labor en varios concursos, se me sorprendió gratamente con mi designación como Juez para el Mundial de Girona del 2008.

Poco puedo yo aportar sobre este “pequeño arte” que no se haya dicho ya. Para mi es una inagotable fuente de satisfacciones y de desarrollo personal. Lo que en principio no venía a ser más que un pasatiempo casero y solitario, se fue convirtiendo en medio para conocer amistades determinantes en mi vida. A veces echo de menos el carácter de mero entretenimiento que tiene este hobby, ya que a veces me da la impresión de que se convierte en vehículo para lograr algún tipo de notoriedad en forma de medallas o agasajos varios, lo que lleva a degradar las relaciones personales en una comunidad tan pequeña como la nuestra. Es obvio que a todos nos gusta que se nos reconozca una buena labor, pero, en realidad, es la propia superación en cada trabajo lo que nos debe hacer evolucionar, y no el número de medallas que vayamos obteniendo. En el fondo, éstas no son más que apreciaciones subjetivas, ciertamente dotadas de rigor, pero dependientes de parámetros variables de un sujeto a otro. “Disfruta de tu trabajo e impregna de ese disfrute tus obras”, así me lo dijo alguien y creo que llevaba razón.

Por lo que se refiere a mi “técnica”, no creo que difiera en mucho de las del resto de pintores. Aprecio como esencial un buen pincel, sea Da Vinci, Renfert o Escoda Tajmir, nunca más pequeño del número uno. Últimamente empleo además la “paleta húmeda”, que permite mantener más tiempo fresca la pintura y facilitar los retoques. Soy más “de sombras” que “de luces”, pues según mi experiencia las primeras definen y dotan de carácter tu trabajo más que las segundas. En cuanto a la luz, ya no prescindo de dos flexos con luz de bajo consumo de 6400º K, de la marca Raytown y, por lo que se refiere a las pinturas, uso indistintamente Vallejo, Andrea y Citadel para las figuras en sí, y Humbrol, Tamiya, Gunze Sangyo y óleos para terrenos y escenarios. Mis escalas favoritas son los 54 mm y los 70 mm, y puestos a elegir períodos que me llaman la atención para pintar, me decanto por el napoleónico y, sobre todo, las dos guerras mundiales. Si tengo que escuchar música, mezclo la clásica (Wagner, Rossini, Beethoven…) con ritmos más modernos (Fat Boy Slim, Prodigy, Freak Power, US3, The doors y melodías de los 50´s y 60´s).

Y, llegados a este punto, no me queda más que referirme a mis artistas favoritos. De nuestros compatriotas, y sin orden de preferencia, admiro especialmente a Luis Gómez Platón, el padre de muchos modelísticamente hablando, además de excelente pintor, a Mario Ocaña, por lo mismo que el anterior, a José Hernández Sánchez por su exquisita limpieza, a Antonio Zapatero que cada vez alcanza mejores cotas en modelado, a Pepe Gallardo por su tratamiento tan sutil de los contrastes, a Raúl García Latorre por ser tan completo, a Jaume Ortíz por esos fundidos y mimetizados, a Luis Esteban por sus precisos toques, a Juan C. Avila por sus binomios modelado-pintura, a Jesús Gamarra por sus intrincadas decoraciones y a Rodrigo Henández Chacón por el preciso y osado tratamiento de sus figuras . A todos ellos uno la posterior hornada de artistas como Darío Ruiz Gallardo, que ya se anima a modelar, a J. Alberto Fuentes (mister bustos), a Javier García, a Samuel Pérez, a Alfonso Prado, a los Hermanos Gros, a Diego J. Jiménez Molina, Javier Garro, Román Navarro, Xavier Ruiz, Daniel Serrano, Roberto Ramírez, César de la Peña, José Palomares, Iñigo Rodríguez Carballeira y alguno más que seguro me dejo en el tintero. 

Respecto al panorama internacional, siempre sentí especial predilección por el exquisito y realista trabajo de Stefan Müller Herdemertens, un especialista en soldados alemanes de la segunda Guerra Mundial que creo que aún no ha sido superado. Junto a él, me gusta el trabajo de Bill Horan, Gianfranco Speranza, Mike Blank, Kostas Kariotelis, Calvin Tan, los hermanos Cannone, Derek Hansen, Mike Good, Shep Payne, Marijn Van Gils,  Maurizio Bruno, Mariano Numitone, Diego Ruina y Young B. Song. Seguro que me olvido alguno, pero estará en la mente de todos.

No quisiera despedirme sin citar a los dos grupos de reunión a los que he pertenecido y que tan buenos ratos me han hecho pasar los sábados por la mañana. Por un lado, el círculo de Vallecas denominado “Los Locos” por el dueño del Bar en el que se celebraban los encuentros (tal sería lo que allí sucedía…).De él forman parte mis buenos amigos Juan Antonio, Santiago Sánchez, Mario Ocaña, Javier, Ricardo Ahís, Darío Ruiz y mi mentor Salvador Ortega. Por otro, el creado por nuestro comandante “Hannibal Platón”, y bautizado como “El Equipo Jo”, constituido por el mencionado señor Platón, Alberto Fuentes, Samuel Pérez, Mario Ocaña y Darío Ruiz, que, aunque se reúne de Pascuas a ramos, cuando lo hace es fuente inagotable de anécdotas.

Curiosamente, en ambos grupos siempre ha estado presente Darío Ruiz, alguien que conocí gracias a este mundo hace ya cerca de once años y con quien he compartido muchas vivencias dentro y fuera de él. Sin duda alguna, es el mejor ejemplo para ilustrar un férreo lazo de amistad generado a través de una forma de disfrutar del tiempo tradicionalmente calificada como solitaria y de personas introvertidas.

Y no quisiera terminar sin ofrecer el humilde consejo de alguien que disfruta mucho de todo esto. Experimentad, pintad e intentad ir modelando algo, atreveros con aquello que os parezca imposible. Muchas tareas se nos presentan mucho más complejas de lo que en realidad son. Si sois valientes, evolucionareis. En mi caso, puedo decir que, gracias a ello, con mayor o menor fortuna, he sido capaz de realizar scracht de vehículos militares, escenarios, modelar alguna figura y pintarlo decentemente.

“Señores, ha llegado la hora de ornar nuestra testa con el yelmo de los Capeto”

Teniente Hervé de Fallerange

 

     

 

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